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Una noche en la Gallera San Miguel
Lunes, 30 Septiembre 2013 07:33

“Doy  50 – 40”, grita un apostador. Muy cerca, otro asiente con la cabeza asiente y lo señala: “le doy 100 – 80 por el saraviado”. Así acuerdan los apostadores durante una pelea de gallos en la Gallera San Miguel, en una noche de viernes en Bogotá. 

El Club Gallístico San Miguel se encuentra ubicado en la calle 77 con carrera 19, al norte de Bogotá en un sector conocido como Los Héroes. Fue fundada hace casi 60 años por los hermanos Hernando y José Tovar, oriundos de los llanos orientales. 

“Mi papá heredó esto de mi abuelo, y nosotros somos once hermanos y el único que siguió la tradición fui yo”, explica Jaime García, un apostador de Ibagué que llevó dos gallos que pelearán por primera vez. 

El club tiene una capacidad para cerca de mil personas. A la entrada hay un restaurante que sirve platos hasta la última pelea. La música a todo volumen es parte del ambiente. Luego de verificar que varios clientes tuvieran la manilla, Alejandro Cubides, uno de los porteros del Club nos cuenta: “Nací debajo de los gallos finos, yo tengo 67 años, y toda mi familia eran galleros”. 

La afición a los gallos no es exclusiva de una región, Henry Quintero, de Cali y gallero por más de 30 años, se encuentra en una mesa, contemplando el gallo de su gallería que esta noche peleará por primera vez. “La gallera más tradicional en Colombia es ésta”, dice mientras se acomoda el carriel de cuero. “Acá hacen hasta reuniones políticas”, agrega Quintero. 

Abogados, médicos, campesinos, esmeralderos, oficinistas y más hacen parte de la fiel clientela del club. Los gallos son una afición que llevan por dentro. Uno de los apostadores que prefirió no dar su nombre ganó 200 mil pesos en una pelea. Según él, ha llegado a ganar hasta 6 millones de pesos. Sin embargo, aclara que así como se gana se pierde. Una vez perdió esa misma suma en apenas 3 horas.  

En la gallera hay exaltación y euforia. La pelea se desarrolla en un círculo tapizado con una alfombra roja. Un color que quizás hace menos estridente el púrpura de la sangre que derraman muchos gallas en cada lid.

Antes de soltar los gallos hay que prepararlos. Cada uno de los dos jueces coge el gallo de cada uno de los retadores y le aplica alcohol en una mota de algodón que limpia cualquier sustancia ilegal que le hayan aplicado. También limpian con limón las espuelas ancladas en cada una de las patas. 

Manuel Álvarez, ha sido juez por más de 14 años en el club gallístico San Miguel. Junto a él tiene 3 relojes de arena. Lo usa cuando los gallos quedan enganchados. “La regla que más se aplica es que para que la pelea finalice el gallo siempre debe terminar picando una vez haya derrotado el gallo retador”, explica Álvarez. 

Otra pelea que termina y otros dos apostadores, paisanos de Puente Nacional, Santander han perdido cada uno cien mil pesos. "Ese es el juego", dice uno de ellos, buscando consuelo. 

Esta noche hay 70 peleas pactadas. Los apostadores gritan alentando a sus gallos y cazando apuestas. En cada pelea puede haber en juego entre 800 mil y 2 millones de pesos. Nadie se irá hasta que pruebe su suerte o hasta que la gallera cierre, ya de madrugada. 

Por Juan Carlos Abril Gil 

@dragonjca